El café me acompaña, en esta vida,
nocturna, tranquila y extraña;
El día me empañas, con tus dotes,
tus facciones y tus mañas;
tu sonrisa que engaña,
tu mirada que se aleja.
Debilitas mis talones,
cuando das vida a tus proporciones;
las estrellas brindan con pociones,
que existes y entre opiniones,
eres la delgada linea del silencio.
Que como humo de incienso,
se esparce lento, y aventurado.
En un ambiente saturado,
de males y negatividad.
Creatividad que forja la realidad.
Que no se ajusta, que asusta,
por su peculiar deformidad.
Ocupas un tamaño estándar,
en mi extensa mentalidad.
El brillo que de tus ojos,
ilumina mi obscuridad;
te reconstruyo, cuando la luz se ausenta.
Entre murmullos, perdí la cuenta;
de cuantas veces rondas,
dando vueltas en mi cabeza.
Tu fragancia que me atrapa,
y derriba mis tropas.
Durante el veloz viaje sobre tus caderas,
caderas desnudas sin ropa.
Con este verso te desnudo,
y te sirvo en la copa.
Como un vino en mi boca,
Como un beso en el oído,
Es mi lengua quien te toca,
cuando cato tus fluidos.
Suplanto el ruido,
sin salida, entre cuatro paredes,
cantan tus gemidos.
Delgadas lineas, pronunciadas;
pupilas dilatadas,
dermis empapada,
de saliva y sudor,
sin pudor, con pasión,
el eclipse de tus ojos,
atrajo mi atención,
despojo la tensión,
y en la praxis, la meditación.
Placer, satisfacción;
una ninfa en el pantano,
por el ogro, sintió atracción.