Cambiemos,
la mirada dócil,
el gesto tierno,
la palabra frágil.
Tornemos
color infierno,
atmósfera hostil.
Más que el aprecio,
una sutil, muestra
de desprecio.
Ignoremos,
mentalmente
naturaleza biológica,
estás respuestas
sensoriales.
energía eólica.
que mi piel enerva.
Maldita ansiedad
corroes entre mis arterias,
desembocas,
en mi estomago.
No dentro, trotas
la periferia.
De manera espontánea,
percibo la histeria,
en un ambiente denso,
tenso, inmenso,
inmerso
me sumerjo,
en mis incógnitas,
e inquietudes,
mientras eludes
mis gestos,
falacia que detesto.
Como té caliente,
en un vaso frío.
No hay similitud
entre uno y el otro.
Ella: una ninfa.
Él: un ogro.