I
Aquí estás,
ésta noche, con la piel
cubierta de, espinas
vestida de, rosa;
Hedionda a mierda y
sangre, y no lo digo yo
lo dicen mis mucosas;
Cuando apareces,
te posas, mostrándote
desnuda entre las cosas,
acosas a Tiempo, que lento,
se descongela;
Y los relojes huyen,
y los relojes vuelan;
Y los días son grises
como con carié,
una muela;
Como lluvia
que se desvela,
por empapar a la luna;
amargada como ella
compararla con ninguna;
Te dedico los ayunas
y el insomnio, también,
las ganas de estar solo
y los pensamientos en el andén;
Los libros en la cama
y la taza de café.
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