viernes, 9 de mayo de 2014

Que jodido tiempo, 
pues, no espera por ninguno.
Si te miro a los ojos, 
percibo tu falacia.
Creo más en la tímida,
retina de bruno.
Que descansa bajo la silla,
en el esferoide donde estoy.
Murmullando voy,
en la trágica urbe.
Empapado de pensamientos,
Vivo, viviendo sin nada que me perturbe.
Disturbios entre cada una,
de mis ideas innovadoras.
Mi ser soñador,
mi mente voladora.
Ignora que en horas,
estaré tendido sin signos vitales.
Empleo mis sentidos,
durante encuentros astrales.
No olvido, divago.
Sueño despierto,
invirtiendo el tiempo,
de cada uno de los vagos.
Me ahorro palabras,
innecesarias obsoletas.
Dialogo conmigo, y mi paciencia.
En una libreta victima,
de mi enferma conciencia.
Más no padece, lo que parece,
la cordura, no me apetece.
A veces; invisible.
Mundo ficticio, realidad ilusoria.
Tergiverso mi percepción,
y aparece digerible.
Niego lo cognoscible,
atracción por lo incognoscible.
Creíble o increíble,
versiones tristes, deprimentes.
Experiencias vacías,
crean monstruos obedientes.
Dependientes "del buen comer",
exhibiciones bucales, anomalías en sus dientes.
Lidio con eso, con todo y más.
Repudio su lógica, su sentirse capaz.
Mi mente veloz, amargada y voraz.
Se embotella, se encierra,
se aleja de la guerra.
Pues, ya hoy, con este clima,
no quiere pensar más.

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