En el más inhóspito lugar
en la cabeza de un hombre,
yace el aroma amargo
suspendido en el aire
en forma de muchas,
el celaje, de la figura
de aquella ninfa
que desnuda miró
que entera probó
que suya hizo
y entre sus piernas murió
entre el pantano y el,
desordenado mundo.
Nadie miraba
más que la oscuridad
la soledad compartida
vertida en el otro
en aquella gélida
noche juntos tallaron
un monstruo
de costras y ansiedad,
rasguños y sangre,
fluidos y saliva.
En la cabeza de aquel
hombre la característica olvidada
añoraba lo que extrañaba
lo que no existía, y no existió
lo que creía que oyó
y sentía soñó
las flores ronroneaban
sollozas y entre murmullos
una replica de sonrisa exhibía
la ninfa dorada adorada
con sus reflejos y mirada de cristal
con su mentón y de la piel el color
que empalaga y excita.
Es en la cabeza,
dentro, en lugares inhóspitos
de la cabeza de aquel hombre
donde las hadas y gnomos recitan
incitan al impulso apasionado
al comportamiento irracional,
al pensamiento exagerado,
a sentirse bien, pero aislado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario