Como el charco
que refleja
las gotas del
rocío, que expiden los
árboles, y al caer
tergiversan en la
imagen reproducida,
su contenido;
Así se desvanece
y también así se olvida
el mal sabor, el olor
insoportable, de este plato
ya servido, y dejamos
sin propina
sobre el clima
de una mesa
decembrina;
Que tu café,
y el mío heló
dejando de por medio
1 kilómetro de gélida
indiferencia,
gesto que deja
al descubierto
cuanta sed tengo
de tu presencia;
Sin pudor con ansiedad
encaro a la abstinencia
armado de valor,
saturado ya sin paciencia
intento degustar
el amargo de tu ausencia;
Fresca luz de perla
que alcanza mis anhelos
en los cielos,
no busco un dios,
sino, sólo sigo
oyendo la voz;
Con el tono mismo
que te invoco;
en grados de morbo
y excitación,
apático, ahora con empatía
sólo dice:
Adiós.
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